
Ventanas llenas de luz incapaces de llenar de vida una habitación llena de lágrimas interiores. Interiores llenos de ti, mi hermano. Ese que estuvo a mi lado en los tiempos difíciles. Ese que supo protegerme, y en el que cientos de noches me acurruqué huyendo de nuestro secreto.
Nos unieron las lágrimas, esas mismas que ahora, en este momento, me unen a ti. Y me siento impotente, sólo quiero que descanses, que recuperes esa libertad por la que tanto luchaste, porque sé que eres un luchador.
Que vuelvas a viajar en esa alfombra mágica que un día nos preparamos… Y que tus ojos salgan de esta oscuridad y vuelvan a ver ese azul que tanto te encantaba.
Qué tus oídos vuelvan a escuchar tu música favorita. Qué tus pies vuelvan a notar la arena de la playa hundirse bajo tu peso. Que tus manos vuelvan a ser libres de estas ataduras que hoy te oprimen.
Y te echaré de menos, pero por favor vete ya, coge ese primer tren que salga hacia ese mundo desconocido que tanto te llamaba la atención. Empieza a vivir de nuevo, con fuerza, y sé feliz allí donde llegues.
Aquí me quedo hermano, pero sé que muchos días nos encontraremos y me harás reír de nuevo.
Vete en paz.
Te quiero Diego.
Benito BB – España

Deja una respuesta